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Las juventudes ¿agentes estratégicos para el desarrollo?

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08 23, 2018 Notas de interés

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Las juventudes ¿agentes estratégicos para el desarrollo?

En 1985, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), declaró al 12 de Agosto como el “Día Internacional de la Juventud”, con la intención de reconocer a las personas jóvenes como agentes estratégicos para el desarrollo a nivel mundial. A 33 años de dicha declaración, es necesario preguntar ¿Qué implica ser agente estratégico para el desarrollo? ¿Qué problemáticas están enfrentando las 37,504,392 personas jóvenes hoy en día en México y sobre todo, qué estrategias llevan a cabo las juventudes ante ellas?

Las juventudes como agentes estratégicos para el desarrollo

Para responder a la primer cuestión, hay que considerar que catalogar a alguien como agente significa que tiene “agencia”, es decir, que tiene “capacidad de actuar en el mundo”, pero se trata de un actuar en el mundo muy particular, ya que tiene que ser “estratégico”, es decir: con la capacidad de coordinar las acciones y los recursos para conseguir una finalidad. Por lo tanto, la intención del día mundial de la juventud es reconocer a las juventudes como identidades con capacidades de acción coordinada para lograr objetivos a nivel mundial.

El reconocimiento de dichas capacidades en las juventudes, puede estar cargado por un lado, de bastante optimismo –porque socialmente se construyen idealizaciones sobre las personas jóvenes como responsables de las transformaciones sociales– y por otro, de mucho adultocentrismo, ya que construye expectativas de las personas adultas sobre las personas jóvenes como responsables del desarrollo, que serán aplaudidas y premiadas si triunfan dentro del sistema económico “como emprendedoras”, pero si fracasan, serán señaladas y juzgadas como como generaciones que fracasaron y que viven en la apatía, utilizando motes como: generación X, ninis o millenials. Estos discursos sobre las juventudes emanan de instituciones como el Estado, representadas por figuras adultas encargadas del control social sobre los distintos grupos etarios, en particular las juventudes.

Los grandes foros internacionales donde se discuten y plantean las agendas a nivel global como los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs)[1], o ahora los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODSs)[2], se centran en hablar de desarrollo como el pleno cumplimiento de los derechos humanos de forma universal, de una forma de vida que esté en armonía con los ecosistemas y libre de todas las formas de violencia.

Sin embargo, vale la pena retomar a María Celia Múnera López en su ensayo El desarrollo desde una perspectiva semántica[3], donde refiere que éste está cargado de intereses económicos, políticos e ideológicos, que ha abandonado una noción colectivista del esfuerzo por alcanzar un estatus socioeconómico en favor de todas las personas y se ha transformado en un lenguaje para domesticar a las poblaciones de los países más empobrecidos. Hablar de desarrollo no es hablar de derechos humanos, ni de equilibrio ecológico ni mucho de menos de una vida libre de todas las manifestaciones de la violencia.

A partir de esta noción de desarrollo, hacen sentido los altos índices de desempleo en personas jóvenes, el acceso a una educación de calidad de manera diferenciada, el nulo reconocimiento de sus formas alternativas de participación política, la constante discriminación y criminalización de las identidades juveniles y las manifestaciones de violencia en sus contextos. Puesto que no se trata de mejorar las condiciones de vida de las personas jóvenes o garantizar sus derechos humanos, se trata de poner a las juventudes en función del sistema económico profundamente desigual.

Problemáticas a las que se enfrentan las juventudes 

Las juventudes enfrentan diversas problemáticas que distan mucho de las idealizaciones que organismos internacionales, instituciones gubernamentales y la academia tienen sobre ellas. Algunas parten de mirarles sólo desde el desarrollo psico-biológico característico de la adolescencia, otras lo hacen desde la estadística poblacional y verán a las juventudes como un “bono demográfico” que se traduce en fuerza de trabajo o bien un grupo tan grande que requiere medidas de control social. Otras más, les miran como responsables de las transformaciones sociales, al idealizarlas como “llenas de energía, con excelente salud y con ingenio para la innovación”

En México, no hay un consenso sobre cuántas personas jóvenes hay en el país. Según el Gobierno de la República, actualmente existen 37,504,392 personas entre 12 y 29 años de edad en México (rango etario establecido en la Ley del Instituto Mexicano de la Juventud[4]), de las cuales 50.6% son mujeres y 49.4 son mujeres y representan cerca de un tercio de la población total del país.[5]

Sin embargo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), difiere de los datos de presidencia, ya que considera al rango de entre 15 y 29 años de edad como el periodo en que se ubica a la juventud (tomando en cuenta estándares internacionales), excluyendo de su análisis a las personas que tienen entre 12 y 14 años cumplidos. Para INEGI existen 30.6 millones de personas jóvenes, representan el 25.6% de la población total[6]. Vale la pena preguntarse ¿cómo se pueden diseñar adecuadas políticas públicas de juventud si no hay un acuerdo en cómo medirlas?

Sobre el acceso a oportunidades, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), menciona que para inicios de 2017, 15 millones de personas entre 15 y 29 años de edad se encuentran ocupadas, sin embargo el 60.6% lo hace en el sector informal que se caracteriza por carecer de seguridad social, estabilidad laboral o salarios justos. El 19.8% de personas jóvenes desocupadas se identifican con la falta de experiencia laboral, 16.2% de jóvenes no económicamente en actividad declararon tener disponibilidad para trabajar sin embargo, no buscan trabajo o dejaron de buscarlo por considerar que no tienen oportunidad para ello.[7]

En cuanto a la educación, la Encuesta Intercensal de 2015, reporta que el 1.2% de personas jóvenes es analfabeta y sólo el 32.9% asiste a la escuela.[8] Esto habla de que el acceso a la educación de calidad no ha sido garantizado plenamente ya que persisten factores como la falta de recursos económicos para la familia, la necesidad de migrar conforme se avanza en los niveles educativos y la incertidumbre laboral al concluir los estudios, impidiendo a las personas jóvenes continuar con su formación.

Sobre participación política de las juventudes, “El Índice Nacional de Participación Juvenil 2015-2016 (INPJ), realizada por Ollín Jóvenes en Movimiento indica que en 213 instituciones del gobierno federal, hay una participación de 606, 016 personas, de las cuales 104,833 son personas jóvenes (56,185 hombres y 48,648 mujeres). Significa que 2 de cada 10 personas involucradas son jóvenes, una de cada 10 personas funcionarias es joven (que tienen acceso a la estructura de manera formal) y una de cada 10 personas tomadoras de decisiones es joven.[9] El espacio de toma de decisiones históricamente se ha construido como adulto y evidentemente muestra resistencias para incluir a las personas jóvenes y reconocerlas con la capacidad de proponer.

Además de la falta de oportunidades, las juventudes se enfrentan a las diversas manifestaciones de la violencia. La misma Encuesta intercensal 2015, reporta que a nivel nacional fallecen 292 hombres jóvenes por cada 100 mujeres jóvenes; las principales causas de muerte en ellos son provocadas por: agresiones, accidentes de transporte, causas externas y lesiones autoinfligidas, todas ellas catalogadas como violentas y en su totalidad representan el 61.7% del total de defunciones en hombres jóvenes[10]. El estereotipo de la juventud como violenta, en realidad se refiere únicamente a los hombres jóvenes y estaría más asociado a ejercicios de afirmación de la masculinidad que a una característica inherente a la condición de juventud.

Dicho estereotipo ha servido como justificación para criminalizar a las identidades juveniles. Amnistía internacional en su informe “Falsas Sospechas. Detenciones Arbitrarias por la Policía en México”, afirma que en 2015 los hombres entre 18 y 29 años fueron el grupo que más fue sujeto a proceso penal a nivel estatal, representaron el 26.5% del total de personas procesadas. También afirma que los hombres jóvenes suelen ser detenidos por parecer sospechosos, es decir, cuando su imagen es percibida como perteneciente a grupos históricamente discriminados como indígenas, migrantes o de barrios empobrecidos[11].

La violencia no afecta exclusivamente a los hombres jóvenes, cuando es por razones de género, las mujeres jóvenes son víctimas de numerosas agresiones que van desde las miradas lascivas y el acoso callejero hasta abuso sexual y el feminicidio. Al respecto de esto último, el Observatorio Nacional Ciudadano del Feminicidio (ONCF), mencionó en su informe sobre “La implementación del tipo penal de Feminicidio en México: Desafíos para acreditar las razones de género 2014-2017”, que cuando se le pidió información a los Estados sobre los asesinatos de mujeres en el último año, sólo siete entidades reportaron la edad; reportó que en 2017 han ocurrido 135 feminicidios de mujeres entre los 11 y los 30 años de edad[12].

Ante estas cifras tan desoladoras sobre las juventudes en México cabe hacernos las preguntas:

  • ¿Cuáles son las juventudes de las que hablan los organismos internacionales y las instituciones gubernamentales?
  • ¿Cómo se espera que las personas jóvenes se posicionen como agentes estratégicos para el desarrollo, si se les niegan las condiciones para que participen e innoven en lo económico y lo político?

Estrategias juveniles ante sus problemáticas

Las juventudes han generado sus propias estrategias para sobrevivir a un sistema de desigualdad social y adultocentrico que los margina. Las juventudes indígenas tienen mucho que decir al respecto, las propuestas emanadas desde “el buen vivir”, tratan de abandonar las prácticas de explotación y recuperar una relación de respeto y equilibrio con la naturaleza.

Las personas jóvenes buscan alternativas ante la precarización económica, algunas se organizan desde figuras del cooperativismo y la autogestión; por otra parte no dejan de exigir al Estado la creación de más empleos y mayor acceso a la educación de manera gratuita.

Las personas jóvenes no son más apáticas ante la política que el resto de la población, solo no confían en las formas de política tradicionales como el voto y los partidos, ellas se siguen organizando y expresando, formas colectivos, participan en sus comunidades y ocupan el espacio público, a pesar de las grandes barreras adultocéntricas como la criminalización que impiden el reconocerles como actores políticos activos.

Ante las formas de violencia, en especial la de género, las mujeres jóvenes alzan la voz, marchan, se organizan, hacen denuncias públicas, exigen no ser “ni una menos”. La lucha de las mujeres jóvenes comparte esperanza a otras luchas en las que también están las personas jóvenes.

[1] Organización de las Naciones Unidas, “Objetivos del Desarollo del Milenio. Informe 2015”, [en página web: shorturl.at/wINW5 (revisado al 6 de Agosto de 2018)].
[2] Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, “Objetivos del Desarrollo Sostenible”, [en página web: shorturl.at/htST9 (revisado al 6 de Agosto de 2018)].
[3] María Cecilia Múnera López, “El Desarrollo desde una perspectiva semántica”, Ensayos Forhum nº 19, Universidad Nacional de Colombia, CEHAP-FORHUM, Medellín 2002, citando a Antonio Erizalde, pág. 8 a 17. En: Hernando Mejía Diez, “Alternativas al Desarrollo”, ensayo final en el concurso online Repensar el desarrollo: Cooperación, derechos humanos y empresas trasnacionales, OMAL, Colombia, 2012, [en página web: shorturl.at/aAFKN (revisado al 6 de Agosto de 2018)].
[4] H. Congreso de la Unión, “Ley del Instituto Mexicano de la Juventud”, Publicada en el DOF el 6 de Enero de 1999, última reforma al 2 de Abril de 2015, [en página web: shorturl.at/ahLPU (revisado al 6 de Agosto de 2018)].
[5] Gobierno de la República, “¿Cuántos jóvenes hay en México?”, [En página web: shorturl.at/bcmO1 (revisado al 6 de Agosto de 2018)].
[6] Instituto Nacional de Estadística y Geografía, “Estadísticas a propósito del día internacional de la juventud (12 de agosto)”, México, 2017, [en página web: shorturl.at/gpu04 (revisado al 3 de Agosto de 2018)].
[7] ídem.
[8] ídem.
[9] Ollin, Jóvenes en Movimiento, “Índice de Nacional de Participación Juvenil 2015-2016”, México, 2016, pags, 80-81, [en página web: http://ollinac.org/indice-nacional/ (revisado al 3 de Agosto de 2018)].
[10] Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Op. Cit.
[11] Amnistía internacional “Falsas Sospechas. Detenciones Arbitrarias por la Policía en México”, México, 2017, pag 21, [Disponible en página web: shorturl.at/tKMSW (revisado al 3 de Agosto de 2018)].
[12] Observatorio Nacional Ciudadano del Feminicidio, “La implementación del tipo penal de Feminicidio en México: Desafíos para acreditar las razones de género 2014-2017”, México, 2018, pag, 40 [en página web: shorturl.at/tEMS5 (revisado el 3 de Agosto de 2018).

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Día Internacional de la Juventud

El estado y su deuda con las juventudes

by admin

08 12, 2017 Notas de interés

El 12 de agosto, el Día Internacional de la Juventud, es el día en que, el Estado vuelve la mirada hacia las personas jóvenes –un grupo poblacional diverso y complejo en sus identidades–. Particularmente el Estado mexicano ¿qué observará? Y ¿a qué jóvenes observará en el Día Internacional de la Juventud?

¿Los verá como lo hace siempre? Con una visión corta que los percibe como un problema de seguridad –advirtiendo su aspecto y sus prácticas con desconfianza, sus vínculos con la violencia y la paralegalidad-; como un grupo al que resulta muy caro resolver sus problemáticas –por el alto porcentaje de embarazos adolescentes, por la presencia creciente de jóvenes para los que no hay espacios en el sistema educativo o al empleo formal–; o cómo un grupo social que se esfuerza por manifestar su presencia, su condición juvenil precarizada, desfavorecida, olvidada.

En el día Internacional de la Juventud destacan dos actores distintos. Uno, el estado mexicano, históricamente representado por un gobierno adulto y ubicado en su zona de confort. Negado al desarrollo incluyente. Sordo para el diálogo, miope para reconocer la diversidad en las personas jóvenes, controlador e impositivo. Que desde su concepción del “deber ser” busca incansablemente construir a las personas jóvenes que no piensan, que no cuestionan, que no incomodan…

Y el otro, las juventudes, quienes representan un caleidoscopio de experiencias, significados, acciones y posibilidades. Quienes habitan y defienden las calles, como parte de su espacio de pertenencia. Personas jóvenes, rurales, urbanas, estudiantes, trabajadoras, rebeldes, libres, creativas, organizadas, partidistas, activas, ciudadanas, migrantes, jornaleras, empresarias, artistas, maestras, militares, consumidoras, inacabadas, feministas, violadas, acosadas, desparecidas, víctimas de feminicidio, en transición, controlables. Todas ellas se adscriben a formas, lógicas y símbolos identitarios, poco entendidos por el mundo adulto y que resultan más de una vez, estigmatizadas o criminalizadas.

Son las juventudes quienes mueven a la sociedad para que recuerde y continúe, buscando a los 43, para que reaccione ante la simulación, corrupción e impunidad de los gobiernos, ante una democracia fallida. Son las juventudes quienes apuestan a sembrar sus andares con la estrategia política de la resistencia, de la desobediencia civil.

Con todo en su contra las juventudes desafían la definición impuesta. Esa que les califica como personas desinteresadas por su entorno, por el cambio y la participación. Reafirman que actúan para resistir a la violencia, esa que hoy les recorta presupuesto en su derecho a la educación, a la producción de cultura y arte, a la salud, a elegir un empleo, a la seguridad social. Esa que se niega a ser considerada solo milleniiials por el sector productivo, esa violencia que hoy en México les arrebata la vida.

Este esfuerzo constante de las juventudes es el que reconocemos y visibilizamos desde la sociedad civil.

Hoy queremos hacer visible el esfuerzo de aquellas juventudes que son revolucionarias en tanto que gritan contra la violencia; defienden la soberanía de su pueblo, frente al desastre que ocasiona la minería despiadada, la compra abusiva de terrenos de comunidades originarias. Las juventudes potosinas son impulsoras del fomento al comercio justo y el consumo de productores locales. Las que se organizan en colectivos y colectivas, donde denuncian la violación de los derechos humanos y gritan la urgencia de una sociedad incluyente. Las juventudes están ahí, presentes siempre caminado, tomando el espacio público y marchando, con la energía que les otorga saberse jóvenes. Recordándonos siempre la terca convicción de que es posible un mundo mejor…

Si la sociedad adulta aspira a un futuro alentador, un primer paso para ello implica dejar de pensar a las juventudes desde el control, la represión o criminalización. Reconocer que tienen derecho legítimo de intervenir en la transformación del mundo. Será necesario preguntarles, de frente, quiénes son y qué necesitan, y generar las condiciones para que alcancen sus formas de desarrollo, desde sus espacios, sus territorios y sus necesidades.

Quizá será hasta entonces que podamos hablar de los derechos de las personas jóvenes. Hasta entonces será posible celebrar, sin hipocresía, sin fingimiento, sin simulación el Día Internacional de la Juventud. Día Internacional de la Juventud

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